Ellas, con el transcurso cotidiano de los meses, cambiaban de novios con una facilidad que me era incomprensible, sorprendente y fascinante.

Y puedo confesar que no todas eran bonitas, pero sin embargo, por más desaliñado que tenían el aspecto, sus novios se enamoraban de ellas, y por tanto, siempre tenían algo que contarme, que por cierto, era con lujo de detalles… así somos las mujeres, un relato amorosos no es tal, sin los deliciosos y chistosos pormenores, de lo contrario no sirve de nada, no llama la atención, no es sabrosos y menos digno de escuchar.
Recuerdo que a mis 15, era la única que no había estado jamás con un hombre, siquiera había besado a alguien, y continué así hasta los 19, cuando conocí a mi actual novio, pero en fin…ellas si habían tenido “muchas” experiencias sexuales, o eso era lo que decían jactándose (era más gracioso ser crédula).
Llegó un momento en que escuché tantas historias chistosas acerca de los hombres y su comportamiento sexual, sensual y romántico, que ya no me interesaba llevar a la práctica el tema, ni mucho menos conocer a un chico… ¿para que?... ¿para estar con él un par de semanas y divertirme tonta y superficialmente, y aguantarle sus desagradables modales que obviamente se le escaparían en alguna errónea oportunidad? ¡Que chistoso era el tema de los chicos para mi en ese entonces!...pero a la vez, algo misterioso y complicado, algo que solo había conocido a través de mis tres buenas amigas, y que de tanto y tanto vagar por los relatos, me habían dejado de sorprender.
A formar mi percepción, también ayudaron las situaciones descritas por las féminas de mi familia, la mayoría en pleno desamor matrimonial, en pleno divorcio, en pleno aguante de engaño…porque dicen que los hombres se ponen peor de lo que ya son, con los años que permanecen “amarrados” en matrimonio…el punto es que: ellas también me habrían los ojos de vez en vez, para que no cometiera los mismos errores que las habían llevado a entregar el corazón y toda su alma, a cambio de nada.
A estas alturas, luego del desgano y la flojera que me hacía sentir el tema masculino, vino el tiempo en que me puse curiosa…si, pero desconfiada y muy, muy exigente.
Ya temía, en ese entonces, quedarme soltera para toda la vida, ¿Por qué mis amigas tenían en su diario de vida una decena de nombres de chicos escritos, y yo siquiera la mitad de uno? Me prometí, que de no encontrar novio pronto a esas fechas, me convertiría irrevocablemente en religiosa. Pero todo fue en vano. En mi desesperación, hasta me declaré a un chico – en extremo, guapo- recibiendo como respuesta un rechazo envuelto en cortesía y educación, pero un rechazo al fin y al cabo (jamás me había imaginado un “No”, tan amable y lleno de normalidad), y me dolió tanto que, en consecuencia, tuve mi primer borrachera. Ron, bendito Ron (aún debo la botella)…fue en casa de una de mis mejores amigas, como “para ahogar las penas”…ah, pero ese es otro tema.
Ya había llegado a los 18 años, estaba apunto de salir de cuarto medio, dos de mis tres amigas estaban embarazadas, una (muy impulsiva y loca ella) se había casado… ¿y yo?,
Con un concepto de “hombre malo e infiel”, con tantas historias casi vividas pero en verdad solo imaginadas, con relatos de desamor en mi mente, que recordaba a diario cuando me dirigía a cualquier hombre, con esas graciosas anécdotas contadas por mis amigas acerca del romanticismo y sus estragos e inoportunos errores, cuando un hombre deseaba ser meloso conmigo, con ese apuro de tener 18 años.
La verdad era un tema en mi vida, en ese entonces.
Con el rechazo del chico apuesto, terminé mi vida escolar, y con el alejamiento de la escuela, también me aleje de mis tres amigas.
Cuando me había dado por vencida, cuando ya había pasado los 19 años, cuando la idea de ser monja ya me resultaba muy loca y drástica, cuando ya había vivido distintos tipos de “raras relaciones” con “chicos dark” aún más raros, cuando ya la resignación estaba apaciguando mi curiosidad, y esperaba mis veinte sin mayores expectativas amorosas…Dios me dio una bofetada, lanzándome a los brazos (que nose porque, pero los tenía listos) al hombre que debí haber conocido en mis quince.
Como me preocupaba en mis quince la idea de no conseguir novio, creía que jamás nadie me amaría, que estaba destinada a ser la madre superiora de las superioras, que mi vida siempre permanecería sola y en silencio, estaba tan triste, tan confundida por los muchos relatos, decepcionada, deprimida y adolorida, asustada le preguntaba a Dios porque nadie podía amarme.Bueno…se tardó en responderme, pero al hacerlo, me sorprendió y me abrazó con todo su amor. Creo que fue por algo que no conocí a nadie en mis quince, esa desesperación por entender realmente que significa “un hombre”, me hubiese, quizás, llevado al embarazo prematuro y no deseado.
Todo es por algo.
Ahora estoy muy enamorada y siento que me aman, no tengo recelos con mi actual novio, vivo plenamente esta relación, sus romanticismos no me son ridículos, y en el tema sexual nos llevamos muy bien. Cada cual debe formar su vida, ¿Por qué han de ser todos los hombres iguales?, ¿acaso, nosotras somos idénticas unas con otras?, ellos dicen que somos un misterio…pues para mí no hay criatura más rara que mi novio.
Creo que Dios nos tiene una cajita llena de regalos hermosos, ¿pero es entretenido recibir muchos regalos de una vez, y dejar los tiempos futuros sin alegrías ni sorpresas?, él sabe como hace las cosas.Todo va y viene.
Todo tiene su porqué.
No escuches cuando te digan como son o debes tratar a los machos, porque aquella persona no los conoce a todos, y es más entretenido averiguarlo tu solita.
No desesperéis.”-








